Tu bebé termina de comer, se retuerce, encoge las piernas y empieza a llorar justo cuando intentas acostarlo. En la mayoría de los casos, el malestar se debe al aire que ha tragado durante la toma, y unas maniobras sencillas pueden ayudarle a expulsarlo. Aquí encontrarás cómo favorecer el eructo, qué hacer si el gas parece estar en el intestino, cómo adaptar la toma y qué señales indican que conviene consultar al pediatra.
La forma más segura de aliviar los gases del bebé
- Colócalo erguido, con la cabeza y el cuello bien sujetos.
- Da palmaditas suaves o masajes, nunca golpes fuertes.
- Haz pausas durante la toma, sobre todo con biberón, cada 60-90 ml.
- Si no eructa y está tranquilo, no es necesario insistir.
- El masaje abdominal y las piernas en bicicleta solo deben hacerse despierto y con suavidad.
- Consulta si hay vómitos verdes o con sangre, fiebre, dificultad respiratoria o decaimiento.

Por qué los bebés acumulan aire y cómo reconocerlo
Durante la lactancia o el biberón, el bebé puede tragar aire junto con la leche. Esto ocurre con más facilidad si come con mucha prisa, si el flujo de la tetina es demasiado rápido o si llega a la toma llorando. El aire puede salir en forma de eructo o avanzar hacia el intestino, donde provoca ruidos, distensión y flatulencias.
Algunas señales habituales son que el bebé se retuerza, cierre los puños, lleve las rodillas hacia el abdomen o arquee la espalda. También puede mostrarse incómodo al tumbarse después de comer. Aun así, el llanto no siempre significa gases: hambre, sueño, estreñimiento, reflujo o exceso de estímulos pueden producir gestos parecidos.
Mi criterio práctico es observar el conjunto. Si el bebé come bien, moja pañales, gana peso y se calma entre las tomas, los gases suelen formar parte de la adaptación normal de su aparato digestivo. Además, no todos los bebés necesitan eructar después de cada comida, especialmente algunos que toman el pecho y tragan poco aire.
Cómo ayudarle a eructar paso a paso
Elige un momento en el que el bebé esté relativamente tranquilo. Si llora con intensidad, primero intenta calmarlo unos instantes, porque mientras llora puede tragar todavía más aire. Después, coloca una muselina sobre tu hombro o regazo y prueba una de estas posiciones.
| Posición | Cómo hacerla | Qué debes cuidar |
|---|---|---|
| Sobre el hombro | Apoya al bebé contra tu pecho, con la barbilla cerca del hombro, y frota o da pequeñas palmaditas en la espalda. | Sujeta siempre la cabeza y evita presionar el cuello. |
| Sentado sobre el regazo | Siéntalo mirando hacia un lado o hacia delante. Apoya una mano en su pecho y la otra en la espalda. | Mantén el tronco recto y la cabeza ligeramente inclinada hacia delante. |
| Boca abajo sobre las piernas | Colócalo transversalmente sobre tus muslos, con la cara ladeada y el abdomen apoyado de forma suave. | La nariz y la boca deben quedar libres en todo momento. |
En cualquiera de las tres posiciones, mantén la espalda del bebé bastante recta y realiza movimientos lentos durante dos o tres minutos. Puedes alternar entre frotar de abajo arriba y dar toques muy suaves con la mano ahuecada. No hace falta golpear: la postura y la paciencia suelen ser más útiles que la fuerza.
Si no sale ningún eructo, cambia de posición una vez y vuelve a intentarlo brevemente. Si el bebé se relaja, sigue comiendo o se queda tranquilo, puedes dejarlo; forzar el eructo puede aumentar la incomodidad y favorecer que regurgite.
Qué hacer cuando el gas parece estar en el intestino
A veces el bebé eructa, pero continúa encogiendo las piernas porque el aire ya ha pasado al intestino. En ese caso, espera un poco después de la toma y colócalo boca arriba sobre una superficie firme. Después, mueve sus piernas con delicadeza como si pedaleara en una bicicleta.
También puedes hacer un masaje circular alrededor del ombligo, siguiendo el sentido de las agujas del reloj y sin apretar. Hazlo durante uno o dos minutos, deteniéndote si el bebé llora más, se pone rígido o muestra dolor.
El tiempo boca abajo puede favorecer el movimiento intestinal y fortalecer la musculatura, pero solo debe hacerse cuando esté despierto y bajo supervisión constante. Para dormir, debe colocarse boca arriba, sin almohadas, cojines ni dispositivos que lo mantengan inclinado.
Estas técnicas no tienen que provocar una expulsión inmediata. A menudo el bebé se calma primero y elimina el gas más tarde, de forma natural. Lo que más suele ayudar, según mi experiencia al revisar este tipo de situaciones, es combinar tomas tranquilas, pausas y contacto cercano, en lugar de probar muchas maniobras seguidas.
Cómo reducir el aire que traga durante las tomas
Si toma el pecho
Comprueba que la boca abarque buena parte de la areola y que los labios estén bien colocados. Un agarre superficial puede hacer que entre más aire y también provocar dolor en el pezón. Si el bebé se inquieta o suelta el pecho repetidamente, haz una pausa, incorpóralo y vuelve a ofrecer la toma cuando esté más calmado.
No es necesario interrumpir de forma rígida cada pocos minutos. Puedes intentar que eructe al cambiar de pecho o al terminar, y antes si notas que se retuerce o empieza a tragar con dificultad. Algunos bebés lactantes no expulsan aire porque sencillamente no han tragado demasiado.
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Si toma biberón
Mantén el biberón suficientemente inclinado para que la tetina permanezca llena de leche y evita que el bebé tenga que succionar aire. Si el flujo es demasiado rápido, se atraganta, tose o se separa con frecuencia; si es demasiado lento, puede cansarse y succionar con fuerza.
Una pausa cada 60-90 ml puede ser útil como referencia, aunque la cantidad debe adaptarse a la edad y a las señales del bebé. No le obligues a terminar el biberón y nunca lo dejes solo con el recipiente apoyado, porque esa postura aumenta el riesgo de atragantamiento y dificulta responder a sus señales.
Al preparar leche de fórmula, sigue exactamente las proporciones indicadas por el fabricante. Agitarla con demasiada fuerza puede crear más burbujas; si ocurre con frecuencia, deja reposar el biberón unos instantes antes de ofrecerlo. No cambies de fórmula ni de tetina por tu cuenta si el problema es persistente.
Errores frecuentes que conviene evitar
El error más común es pensar que hay que conseguir un eructo a toda costa. No es una competición ni una prueba de que la toma haya ido bien. Insistir durante mucho tiempo, dar golpes fuertes o apretar el abdomen puede provocar regurgitación y hacer que el bebé se altere más.
- No sacudas al bebé ni lo rebotes con brusquedad.
- No presiones la garganta ni coloques los dedos bajo la mandíbula.
- No hagas masajes abdominales justo después de una toma abundante.
- No pongas al bebé boca abajo para dormir, aunque tenga gases.
- No elimines alimentos de tu dieta durante la lactancia sin una razón clara y orientación profesional.
- No administres infusiones, agua, preparados “anticólicos” o medicamentos sin consultar al pediatra.
Las gotas de simeticona se utilizan en algunos casos, pero su eficacia para el cólico no está clara y no sustituyen a una valoración médica. Si te planteas utilizarlas, consulta la dosis y la conveniencia con un profesional, especialmente en recién nacidos. Lo natural no siempre es sinónimo de seguro durante los primeros meses.
Cuándo consultar al pediatra sin esperar
Los gases aislados suelen mejorar con el tiempo, pero no conviene atribuir cualquier síntoma a ellos. Busca atención médica si el bebé presenta dificultad para respirar, color azulado o palidez marcada, está muy decaído o cuesta despertarlo.
También debes consultar con rapidez ante vómitos verdes, vómitos con sangre, sangre en las heces, abdomen muy hinchado o duro, rechazo repetido de las tomas o menos pañales mojados de lo habitual. En un bebé menor de tres meses, una temperatura de 38 °C o más requiere valoración médica.
Si el llanto es intenso, diferente al habitual y no se calma, o se repite durante horas durante varios días, pide cita aunque parezca que el problema son gases. El cólico puede causar mucho llanto en un bebé sano, pero antes conviene descartar reflujo, estreñimiento, infección, alergia u otras causas.
Mientras buscas ayuda, mantén al bebé en brazos y pide apoyo a otra persona si te sientes desbordado. Nunca lo sacudas. Si necesitas apartarte unos minutos, déjalo boca arriba en su cuna y respira antes de volver.
La mejor rutina para aliviarle sin sobreestimularlo
Prueba una rutina sencilla durante varios días: alimenta al bebé en un ambiente tranquilo, haz una pausa cuando notes incomodidad, mantenlo erguido unos minutos y utiliza el masaje o las piernas en bicicleta solo si sigue molesto. Una técnica suave y constante suele funcionar mejor que cambiar de método cada pocos segundos.
Anota cuándo aparecen los gases, cómo ha sido la toma y qué maniobra le calma. Este pequeño registro puede ayudarte a detectar un patrón y dará información útil al pediatra si las molestias continúan. En la mayoría de los casos, la maduración digestiva y una alimentación más pausada hacen que el problema disminuya progresivamente.